
Hoy tuve consulta con el dentista y mientras me revisaban la boca me acordé de algo super cagado que pasó en ese consultorio como un año y medio atrás.
Primero tengo que describir a la dentista. Tiene ya sus 45 años más o menos. En materia de dientes es una chingona, tiene la experiencia del mundo y manos de ángel. Es una persona muy pero muy atenta con las personas, da mucha confianza, es educada, cálida, amable, cordial, cortés, siempre te saluda de mano o de beso en la mejilla, te llama por tu nombre, se acuerda a qué se dedica uno, te pregunta por tu familia, el trabajo, etc. A sus asistentes siempre les pide las cosas por favor y siempre da las gracias, siempre siempre. En pocas palabras, en muy profesional.
Un día a mi me estaba atendiendo una de sus asistentes en la segunda unidad que tienen en dicho consultorio. En eso llega una paciente. Al parecer era la primera vez que la atendían, o sea, era de esas consultas en donde te revisan, y te hacen una valoración de lo que escondes en la boca. Era una señora robusta, ya algo grande, de unos 55. Traía ropa muy anticuada, muy de señora de pueblo. La pasan, la sientan, le acomodan su toallita en el pecho y en eso llega la doctora para atenderla personalmente.
- Hola buenas tardes, yo soy la doctora Luna, en qué le puedo servir, ¿tiene alguna molestia?
- La verdad traigo un pinche desmadre en la boca. Vengo a que me diga que pedo. Las muelas por ejemplo las traigo todas sueltas y ya no las aguanto.
Hubo un silencio en todo el consultorio. La doctora que me atendía estaba roja de contener la risa tras el cubre bocas. Y yo con un subcionador de saliva adentro de la boca, también con la carcajada atrapada.
La doctora la revisó durante dos minutos, y después le dijo:
- Si tiene algunas cosas que habrá que arreglar, no se usted por donde quiere que empecemos
- Mire, yo quiero algo bueno, que quede chingón pero eso si, que me salga barato.

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